
ERES MI JARDINERO, SEÑOR
Fue mientras podaba mi jardín, que me hablaste, como Tú sólo sabes hacerlo.
Sin palabras, con esa certeza que brota desde el fondo de mi ser: “Todo corte es vida”.
Sí, ¡lo he experimentado tantas veces! ¡Cómo duele!
Pero la energía, esa savia que llena la existencia de alegría, y que es tuya, se encuentra enterrada muy dentro y la única forma en que puede aflorar es sacando, eliminando todo lo que no sirve.
¡Bendito seas, Señor! Eres mi jardinero y sin tus cortes, que hasta ahora rechazo, no te conocería.
La savia es tu Santo Espíritu, que a ratos corre Gloriosa por mis venas.
Gracias a ella, hoy pude ser árbol florido, cielo estrellado y vuelo de golondrina…
Digna Theoduloz V. Revista Pentecostés Nº 177, Chile