No es el otoño, no, quien a los árboles arrebata sus hojas, que son ellos, son los árboles mismos quienes ceden sus hojas a los vientos. Los árboles desdeñan la estéril pompa del follaje muerto y, con recia austeridad, aguardan desnudos los rigores del invierno.
Si en ti muere una idea, para siempre, arráncala de ti y échala al viento. No finjas pensamientos que no pienses; no sientas con fingidos sentimientos. Antes que así, desnudo, resiste los rigores del invierno. Que al cabo tornará la primavera y a ti también te vestirá de nuevo.
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Se nos recomienda enfrentar con entereza los rigores del invierno, porque en la vida todo es cíclico y al invierno le sigue siempre la primavera y con ella todo revive con la fuerza oculta de la naturaleza.
Esto mismo lo dice el P. John O'Donohue con otras palabras igual de sabias y hermosas: "Amo la vista de un campo de maíz en el otoño. Cuando pasa el viento, el maíz no permanece erguido ni trata de resistir su fuerza, porque lo arrancaría de raíz. No. El maíz se mece con el viento, se inclina hasta el suelo y después se yergue para recuperar su posición y su equilibrio". (ANAM CARA)